9 de febrero de 2016

Un día en la Edad Media

Suelo sufrir pensando que el ser humano no evolucionó, que vivimos igual o peor que hace mil años. Eso me angustia. Pero no estoy seguro de que sea así. De hecho, cuanto más leo sobre la Edad Media, más creo que, aunque sea un poquito, la vida de la mayoría de las personas mejoró.

Imaginemos un día, cualquiera, del año... 1343. Pongámosle que vivís en algún país "desarrollado" de Europa: Francia, Italia. Lo más probable es que seas campesino, como el 90% de la población.

Te despertás al lado de alguien. No de tu pareja: de muchas personas. Tal vez tus padres, tu pareja, tus hijos (si no se murieron durante el parto) y también algunos hermanos. Las familias viven en pequeñas casas de barro o madera, con una sola sala. Un solo espacio para hacer todo. Te despertás con el sol, pero recién cuando se despierte el líder familiar (probablemente tu papá) se levantarán todos. Todos duermen exactamente en el mismo horario, ya que hay sólo una sala. En ella se hará todo.

Se levantan y corren las camas. "Camas" se les llama a una suma de lanas y paja que se usaban para amortiguar la dureza del suelo y separarse de los insectos. No de mosquitos: de hormigas, chinches, escarabajos y montones de pulgas que habitaban las casas.

Había que correr las "camas" a un rincón para colocar la única mesa y desayunar. El desayuno de cada día era agua fría o caliente, según la temperatura. Se calentaba todo en un fueguito que se armaba dentro de la casa. Tenías que tener mucho cuidado, porque cada tanto había un incendio en las casas por ese fueguito, y seguro que vos no querías ser el próximo incendiado.

Si tenías suerte, tu familia poseía una vaca y algunas mañanas podías tomar leche. Para comer, un pedazo de pan duro de tres o cuatro días atrás. Y enseguida, a trabajar en el campo. Fueras hombre, mujer, niño o niña: desde los 5 años ya tenías que sembrar, cosechar, remover, ordeñar, lo que fuera.

Trabajabas unas... 12 horas en verano, y 10 en invierno. Desde que salía el sol hasta que se ponía, con algún descanso para comer. El "almuerzo" consistía en un poco de agua en jarra, algún pan con queso o alguna verdura, una fruta y, cada tanto, un pequeño pedazo de carne comprado en la feria.

En invierno hace mucho frío. Si la familia tiene animales, los hacen vivir dentro para que generen calor. Y en verano hace calor para trabajar bajo el sol, pero no hay opción. Nada de darte una ducha con jabón de glicerina: te bañás en el río más cercano, que puede estar a un kilómetro, o te tirás un poco de agua y raspás hasta sacarte toda la mugre que puedas. Igual, te va a durar poco, porque tus pisos son de tierra, así que te ensuciarás enseguida.

Por suerte, hoy no te pasó nada: no te cortaste con algún elemento filoso, no te dolió la cabeza, no se te infectó un diente. Porque esas cosas no solamente no tienen alivio y tenés que aguantártelas sin siquiera descansar: muchas veces te llevan a la muerte. Cualquier enfermedad o herida, como casi no tenían tratamiento y las condiciones de vida eran pésimas, podía desencadenar que bajaran tus defensas, te agarraran otras enfermedades y murieras joven.

Al anochecer no hay mucho que hacer, y estás tan cansado que sólo querés dormir. La cena es en la oscuridad, con el fuego iluminando: agua con pan, fruta o verdura. Luego, a correr todo a un rincón para armar las "camas" de lana o lo que fuera. Y cerrar los ojos sin pensar si mañana será lunes, sábado o 1° de enero, porque, de todas formas, todos tus días son un poco iguales.

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