26 de agosto de 2016

Historia del cine (1931-1940)

1931: Frankenstein
1932: Scarface
1933: Mujercitas
1934: Sucedió una noche
1936: Tiempos modernos
1936: Deseo
1936: Intriga internacional
1936: La vida futura
1937: La terrible verdad
1937: Blancanieves y los siete enanitos
1938: La fiera de niña
1939: Lo que el viento se llevó
1939: El mago de Oz
1939: La diligencia
1939: Caballero sin espada
1939: Cumbres borrascosas
1940: El gran dictador
1940: El ciudadano [Citizen Kane]
1940: Ayuno de amor
1940: Historias de Filadelfia
1940: Rebecca
1940: Pinocho
1940: Viñas de ira
1940: Luna nueva
1940: Fantasía

16 de agosto de 2016

Tintín en el Congo (1931)

Tintín en el Congo es una historieta creada por el belga Georges Remi, más conocido como Hergé. Tiene 64 páginas y fue publicada en 1931.

¡Ay, qué mala sangre me hice! Tintín es un periodista supuestamente muy aventurero. Esta vez viaja al Congo vaya uno a saber para qué. Lo que sí sabemos es que se la pasa matando animales como si fuera una gracia.

¡Ay, cuánta mala sangre! La historia es machista (casi no aparecen mujeres, de hecho), racista y llena de matanzas y violencia. El "bueno" de Tintín llega a taladrar (¡taladrar!) a un animal y hacerlo explotar (¡explotar!) poniéndole dinamita dentro del cuerpo.

El problema no es lo exageradamente fantasioso de la historia, sino el horrible mensaje que transmitió a las niñas y niños que la leyeron.

Conocía a Tintín de nombre (es en Bélgica lo que Patoruzú en la Argentina y Condorito en Chile), pero nunca había leído una historia suya. Esta me repugnó. Todavía no sé si donar la historieta o reciclarla como papel inútil. Si la vuelvo a ojear, seguro me decido por la segunda opción.

Post data: acabo de enterarme de que en realidad leí una versión modificada que se publicó en 1946. La original tenía 110 páginas y, según cuentan, era mucho, mucho más racista y violenta. ¡Menos mal que no la leí!

11 de agosto de 2016

Graciana Tripodi (1931-2007)

Por Gabriela Fernández, técnica en bioquímica, aficionada a la Egiptología y amante de las sorpresas

El 15 de febrero de 1931 nació, en Lomas de Zamora, la cuarta y última hija de Francisco Tripodi y Concepción Alvaro: Graciana Tripodi. Mi madre.

Según decía ella, tuvo una infancia y adolescencia felices. Según lo veo yo, no tanto. En quinto grado la sacaron del colegio porque tenía que ayudar a su mamá, y sus dos hermanas mayores salieron a trabajar. A los 19, perdió a su madre. Difícil debe haber resultado ser madre cuando no se pudo ser hija, ¿no?

Se casó con mi papá, tuvo dos hijas. Se dedicó a ellos... y a luchar con sus demonios. Ganó al enfrentar a algunos. Perdió por knock out enfrentando a otros. Fue una persona feliz en su pequeño mundo. Vio a sus nietos nacer. No los disfrutó demasiado tiempo, pero algo sí... No lo suficiente, creo yo.

Un día, un 11 de julio para ser más exactos, se rindió. Se fue de este mundo creyendo, por momentos, que yo era su hermana María; que estaba viviendo en la casa de mi hermana. No le quedaba claro si tenía hijas. De a ratos sí, de a ratos no. De lo que sí se acordaba, y muy bien, era de sus nietos. Los nombraba uno a uno y por orden de edad. Incluso, por dos minutos de diferencia, Valentina es mayor que Máximo, y así los nombraba: Sofía, Delfina, Valentina y Máximo.

Una tarde, tomando la merienda, se fue. Tranquila. No sé si fue justa la vida con ella. Yo creo que no. Que fue bastante ingrata y avara.

Fue la mujer más trabajadora que conocí. La más incansable. La que cocinaba rico como nadie. La que fue mi madre. La que, como ella decía, "hizo lo que pudo". Quizás no le agradecimos lo suficiente. Quizás fue feliz a su modo. Lo que sé es que, de un día para el otro, se fue a su propio mundo. Y después... Después se fue del suyo y de este.

La extraño. Me gustaría tenerla para pedirle consejos, ayuda, para contarle lo que hago. Para compartir un mate feo, frío y lavado, como solía cebar. Ojalá lea esto, desde donde esté...

10 de agosto de 2016

Francisca García (nacida en 1931)

Por Leandro Ramosescritor, profesor de literatura e integrante del Movimiento Etiopía

Al principio, reconstruimos la historia de nuestros abuelos en base a las anécdotas que nos cuentan. Francisca, mi abuela, cuenta anécdotas inocentes, casi siempre las mismas, como que le hizo el vestido a mi vieja basado en el personaje de la película Sabrina o que leía El Conde de Montecristo todas las tardes mientras mi bisabuela creía que dormía la siesta.

Ella nació en Córdoba, allá por 1931, en otro tiempo y otro mundo. Lo que más resalta de su persona es una gran imaginación y una capacidad de hablar con diversión y ánimo casi infantil sobre cualquier cosa: la carita del perro del almanaque, el frío que sintió en la nariz el otro día que salió a la calle o la forma que tiene el tomate que sacó de la heladera.

Claro, así como se divierte con nada es capaz de enojarse con la misma facilidad. Y, lo que es peor, la imaginación, que antes era una virtud, se convierte en un gran defecto cuando da rienda suelta a sus delirios de persecución y conspiranoia. El vecino de abajo adquiere, de esta manera, las dimensiones de un narcotraficante colombiano o un terrorista musulmán del isis.

Creo, como sostuvo Borges, que la vida de una persona puede reducirse a uno o dos actos significativos. Esto no significa que en todas las personas sea posible tal reducción, sino que existen algunos casos en que esto es posible. Diría que la vida de Francisca es uno de estos casos y ella se encarga de confirmarlo. Hay dos cosas que cuenta con lágrimas: que comenzó a trabajar a los 12 y que su madre falleció cuando tenía 13. Resulta increíble pero fue así.

Desde los 12 años comenzó a ir al taller de costureras, y desde esa edad hasta los 28, cuando se casó, sólo trabajó. Trabajaba. Todos los días. Trabajo y más trabajo en la edad en la que todos vamos a la escuela, nos divertimos, hacemos amistades, vamos a la facultad, nos enamoramos, etcétera. Trabajo y más trabajo.

Por esto es que la quiero a pesar de que me venga siempre con que el gordo de abajo se droga o la persigue cuando ella va a pagar la factura de luz. Y trato de recordarlo siempre: quiero mucho a Francisca porque vive cada momento, cada detalle, como si tuviera los 15 años que le faltaron por no tener otra opción que pasarse los días encerrada en el taller de costureras.

9 de agosto de 2016

Teofania Biertosz (nacida en 1931)

Por Martín Estévez

Quiero escribir sobre mi abuela antes de que se muera. Más que nada, por principios: para que pueda defenderse. Aunque, la verdad, mucho no puede defenderse: tiene 84 años y anda débil, duerme casi todo el día y el cerebro está empezando a fallarle. Igual, aunque no sé cuándo morirá, prefiero escribir ahora. Y empezar contando que, a grandes rasgos, mi abuela podría ingresar en el grupo conocido como “viejas de mierda”.

Puede ser que escriba enojado por el trato que me dio hoy, por el que nos da a todos, todos los días. Puede ser. Aunque le cocinan, la cuidan, la quieren, mi abuela Teofania se queja. Maltrata a sus hijas, les rompe la paciencia, las ignora. Yo soy un boludo porque hago 35 cuadras en bicicleta bajo llovizna, con 11 grados de temperatura, con las orejas congeladas para verla. Y ella, con suerte, me saluda y me pregunta cómo estoy. Se queja de alguna cosa, se da vuelta y sigue durmiendo. Eso, en un buen día.

En un mal día me ignora, o me dice que su vida es una porquería, que no tiene nada que hacer, que tiene calor o tiene frío o le arden los ojos o no escucha bien o le molesta la luz o le molesta el ruido o le molesta la lluvia o le molesta que la llamen por teléfono o le molesta que alguien, en el mundo, sea feliz. Me dice que no la moleste más y sigue durmiendo.

Alguno pensará que es porque está vieja, pero no: Fanny fue siempre así. Mucha cara de perro, mucha queja. Cuando llorabas, te retaba porque llorabas. Cuando te reías, decía su frase más de mierda:

El que se ríe de día, va a llorar de noche…

¡Qué ganas de arruinarte el momento! Me acuerdo, me acuerdo bien una noche en la que Chuna se quedó a dormir abajo y, con mi hermana, cantábamos canciones groseras, bajito. Ella entró, nos escuchó a los tres, y me retó. A mí solo. “Sabía que vos ibas a estar cantando esas porquerías”, dijo. Y se fue.

Me acuerdo, me acuerdo bien cuando dibujé una bandera para regalársela, la de su país: Unión Soviética. ¡Más contento fui a dársela! Cuando la vio, en vez de explicarme que estaba en desacuerdo con el régimen político soviético, la rompió en pedacitos, en mi cara. Y, con cara de culo, me dijo: “Nunca más dibujes algo así”.

Me acuerdo, me acuerdo bien cuando me hablaba mal, muy mal de mi papá. A solas, aprovechándose de lo indefenso que puede estar un chico de 8 años. Llegó a decir que tenía que “colgarse de una soguita”. Sugirió, enfrente mío, envuelta en su dolor de madre, que mi papá tenía que suicidarse por las cosas que había hecho.

Me acuerdo, me acuerdo bien que, cuando yo tenía 19 años, salí de mi casa y volví enseguida, porque me había olvidado algo. Entré a mi pieza y ahí estaba ella, concentrada, silenciosa: Fanny leyendo mis cartas, las cartas íntimas que me escribía con mi novia, las cartas donde ella contaba cosas sólo para mí, y yo sólo para ella. Y Fanny, infame, sentada ahí, cagándose en mi privacidad, traicionándome.

Por las dudas, les aviso a mi tía Elvira y a mi mamá Tatiana (sus hijas) que, si esto les pareció demasiado fuerte, dejen de leer, porque lo que viene es peor.

Después de pensarlo mucho, llegué a la conclusión de que mi abuela es así porque no disfrutó del sexo. No es que disfrutó poco: no disfrutó nada. Nunca se revolcó porque sí, mi abuela. Sí, estoy diciendo sexo: besarse, manosearse, excitarse. Si hace falta, introducir un pene en una vagina. Si leer esto los pone incómodos, estamos en problemas: lo único que vamos a lograr es generar personas reprimidas como mi abuela.

Yo la escuché hablar mucho a Fanny. Muchísimo. La escuché decir miles de cosas. Pero nunca, nunca jamás de su boca, salieron las palabras placer, goce, pasión. Nunca jamás la escuché decir sexo, pene o vagina. No estaban en su vocabulario. No se las enseñaron.

A Teofania, a Fanny, a mi abuela, le enseñaron que su trabajo era cocinar, lavar y coser. Nació en Bielorrusia, hacía frío, había nieve y, a los 11 años, a veces tenía que cuidar sola a sus hermanas mellizas, que tenían 3.

Repito: a los 11 años tenía que cuidar sola a sus hermanas mellizas, que tenían 3.

Y de pronto estaba en un barco, lleno de hombres y mujeres y borrachos y camarotes chiquitos. Semanas en un barco en el que había enfermedades, pestes, fiebre, personas que morían. Ella era una niña que veía a personas morir enfermas, sin medicinas, sin cuidados, sin sepulcro.

De pronto no había nieve y frío, sino calor, y ella estaba en Paraguay, y tenía que trabajar en la casa de desconocidos cocinando, barriendo y planchando. Era menor de edad y tal vez limpiaba los restos de mierda del inodoro de una familia de desconocidos. 

Hablo de Fanny. De mi abuela.

Y en Bielorrusia y en Paraguay y en Argentina escuchó la misma cosa: que ella era mujer, y que la mujer que gozaba era una prostituta. Que la mujer que se vestía como quería era una ramera. Que la mujer que cojía por placer era una puta. “Cojer”, sí. Alguno pensará que es aberrante que yo escriba así; yo digo que es aberrante que se lo hayan hecho creer a mi abuela.

Fanny tuvo sexo sólo para cumplir con otra obligación: tener hijos. Dos veces. Me juego tres dedos de la mano a que jamás tuvo un orgasmo. Le dediqué tiempo a pensar si mi abuela tuvo o no tuvo orgasmos. No es zarpado, ni gracioso: es lo que tenemos que hacer en esta sociedad para dejar de ser machistas.

Fanny rompía las bolas con que su marido (Víctor) no la llevo nunca al cine. Se lo escuché decir mil veces. La entiendo ahora: a ella no le molestaba que Víctor fuera o no fuera al cine. A Fanny, lo que la lastimaba, era que sus decisiones dependieran de un hombre. Desde lo psicológico, porque se lo habían enseñado: ella tenía que “seguirlo”. Pero también desde lo material: Fanny no tenía un peso. Cuando ella era joven, los hombres podían comprarse cigarrillos, ir al cine, pagar una prostituta y someterla. Las mujeres, como Fanny, no podían comprarse un peine, ni un chocolate, ni una entrada de cine sin pedirle plata a su marido.

Fanny no disfrutó de su familia, porque tuvo que trabajar. Fanny no disfrutó de lo material, porque era pobre. Y Fanny no disfrutó su sexualidad, porque era mujer. Qué vida de mierda le impusieron los políticos, los empresarios, los explotadores, el sistema. Qué vida de mierda.

¿Cómo no va a quejarse? ¿Cómo no va a sufrir? Le enseñaron que su vida dependía de un hombre, y el hombre se murió hace exactamente seis años. Y entonces ella se empezó a morir también, tal como se lo enseñaron: sin un hombre al lado, no servís.

¿Podría ser distinta? Sí. Su hermana Nina sufrió lo mismo, y también se le murió el marido, y no pudo tener hijos. Pero, aunque es amable y sonríe, es una excepción.

Está mal pedirles a todas las mujeres que sufrieron tanto, que sean como Nina. Sería como pedirles a todos los niños pobres de Rosario que se conviertan en Messi: una injusticia absoluta.

Hoy lloró mi abuela, lloró mucho, como cada vez que la veo. A veces le preguntan por qué llora. A mí no me hace falta preguntarle: llora por cada infancia en la que fue mucama, por cada muerte que vio al lado suyo, por tantos deseos sexuales que tuvo que reprimir. Llora por las películas que no pudo ver sin su marido, por todas las putas tardes en las que ni siquiera puede reprocharle a un hombre todas sus lágrimas.

Llora mi abuela y lloro yo con ella, en silencio, sin que se dé cuenta. Lloro por ella y por todas las mujeres a las que les complicaron la vida con ideas absurdas, crueles, violentas. Le perdono todo porque soy hombre, porque soy yo el que tiene que pedir perdón. Sé que ser mujer hoy es tan difícil y me duele estar del otro lado, culpable por no arrancar a todos los hombres injustos que contaminan el mundo.

Sé que ser mujer hoy es tan difícil, pero no puedo ni imaginarme lo difícil que habrá sido en 1931, cuando nacía esta viejita hermosa. Cuando esta bisabuela que hoy nos trata mal no era bisabuela ni nos trataba mal, sino que esperaba del mundo lo que merecía: justicia, placer, amor.

El capitalismo le robó la justicia, porque mientras algunos no trabajaban y tenían mucho, ella trabajó mucho y no tuvo nada. El machismo le robó el placer, porque una mujer de bien no tenía que disfrutar del sexo. Le robaron la justicia y el placer. Y es por eso, especialmente por eso, que están ahí Tati, y Elvi, y estamos todos los que queremos estar, dándole cada vez que podemos lo único que no pudieron robarle: el amor.

El amor que Fanny me dio cada vez que me cocinaba, cada vez que me llevaba al colegio, cada vez que me compraba un chocolate antes de un examen. El amor que le vi mostrar por su marido sólo una vez, justo en el momento del infarto cerebral, cuando lo agarró de la cara y le dijo, se lo dijo, yo lo escuché: “¡Víctor, mi amor!”.

¡Cuánto, cuánto inmenso amor vi en los ojos de esa vieja quejosa, cuántos meses pasamos
los dos sentados al lado de Víctor, cuántos dolores compartidos!

A vos, Fanny, te enseñaron a acompañar a tu marido hasta el final, y no te dijeron quién te acompañaría a vos. Pero quedate tranquila: ahí están tus hijas, pacientes, para quererte. Y aunque te quejes siempre, tragues fuerte, me trates mal, no quieras leer, no quieras conversar, no quieras mirar y tampoco quieras oír, también, te lo prometo, hasta el final de los finales, voy a estar yo.

8 de agosto de 2016

Frankenstein (película de 1931)

Frankenstein es una película dirigida por el inglés James Whale estrenada en el año 1931. Dura 73 minutos, su nombre original es Frankenstein, the man who made a monster y está basada en un libro de Mary Shelley. Uno de los actores principales es el inglés Boris Karloff.

La historia es demasiado fantasiosa y no genera casi nada de terror: solamente en el sombrío y muy bien logrado rostro del monstruo.

No respeta a la obra original y se modificó innecesariamente el final. No la recomiendo.

27 de julio de 2016

El ángel azul (película de 1930)

¡Qué historia difícil de analizar! Así que empecemos por los datos fáciles: El ángel azul es una película dirigida por el alemán Josef von Sternberg, protagonizada por Emil Jannings y Marlene Dietrich, y estrenada en el año 1930. Está basada en el libro Professor Unrat, de Heinrich Mann.

Dura unos 100 minutos, y los primeros 15 son insoportables. Apenas se muestran rasgos estereotipados de un profesor de escuela conservador y autoritario.

Los estereotipos continúan después, cuando el profesor conoce a una bailarina y se calienta con ella. No le gusta ni se enamora: el profesor se calienta con ella. La historia parece avanzar hacia los lugares comunes de las novelas románticas, pero no. De pronto, se vuelve turbia. Muy turbia.

¿Es divertida la película? No, no es divertida. Por momentos hasta es aburrida. ¿Es compleja, te hace pensar mucho? No, tampoco. Excepto al final: ahí sí te hace pensar mucho. De hecho, todavía estoy pensando. No termino de entender cuál es el mensaje de la historia, si es que tiene algún mensaje.

Para el momento en que fue estrenada, la película era osada porque Marlene Dietrich muestra bastante las piernas, lo cual en mi opinión está bien. Pero después no sé. No queda claro si es una crítica a la vida triste que llevaba el profesor, un ataque a las bailarinas con mala fama o a la sociedad entera, o, peor, un consejo: no hay que calentarse con las bailarinas.

No es una película para mirar un sábado a la noche con amigos, sino para hacerte un poco el canchero, decir "vi un clásico del cine" y, de paso, fijarte si, como me pasó a mí, sentís como propia la incomodidad del profesor en su nueva vida. Y, después, preguntarte por qué te pasó eso.

15 de julio de 2016

Aldo Rico (1999)

"Aldo Rico: Militar argentino que en abril de 1987 comenzó su carrera política intentando derrocar al gobierno de Raúl Alfonsín.

Actual intendente de San Miguel, Rico estableció el 6 de enero de 1999 una zona de exclusión en torno del hospital Larcade, impidiendo que se atendieran vecinos de otros municipios. Luego, el 15 de junio, con el objeto de 'poner orden', decidió invadir el hospital con cien hombres armados. Las enfermeras no opusieron resistencia.

El gobernador electo de Buenos Aires, Carlos Ruckauf, lo premió nombrándolo ministro de Seguridad de la provincia".

(Texto publicado en Rolling Stone N°21, diciembre de 1999.)

14 de julio de 2016

Kosovo (1999)

"Kosovo: Ciudad de Europa donde el conflicto entre albano-kosovares que quieren independizarse y serbios que no están dispuestos a aceptarlo llevó a una guerra en la que intervino, por primera vez en toda su historia, la Organización del Atlántico Norte. La OTAN bombardeó objetivos militares serbios 'a propósito' y algunos objetivos civiles (como la embajada china) 'por error'.

Al cabo de 72 días de intensos bombardeos, el presidente yugoslavo Slobodan Milosevic aceptó el plan de paz propuesto por el grupo de los ocho países más poderosos de la Tierra.

La guerra terminó con 7 mil muertos, 16 mil heridos, 800 mil refugiados que dejaron sus casas en Kosovo, y daños materiales por valor de 100 mil millones de dólares".

(Texto publicado en Rolling Stone N°21, diciembre de 1999.)

13 de julio de 2016

La televisión argentina en 1995

"Era abril. Era 1995. El año del efecto Tequila y la reelección. El exacto momento en que a la televisión, como al pais, se le habían terminado el dinero fresco y las ideas fáciles. No fue casualidad ni suerte, entonces, lo que dejó entrar al mismo tiempo, aunque por diferentes grietas, a Poliladron y CQC.

Fue la necesidad de darle aire a ideas nuevas, a cambio de compartir riesgos económicos, lo que desencadenó el parto prematuro de las productoras independientes. Hijas de ese cinismo disfrazado de esperanza, llegaron a la pantalla sin demasiado apoyo ni experiencia".

(Extracto de un texto escrito por Claudia Acuña publicado en Rolling Stone N°21, diciembre de 1999.)

12 de julio de 2016

Un perro andaluz (película de 1929)

Un perro andaluz es una película dirigida por el español Luis Buñuel, con subtítulos en francés, estrenada en el año 1929. Dura 17 minutos y su título original es Un chien andalou.

La mayoría de los que miremos esta película, sin aclaraciones previas, no entenderemos nada. A esto se le llama surrealismo.

El surrealismo es un movimiento artístico, una suma de ideas artísticas. Si queremos entender una obra de arte surreal (como Un perro andaluz) como cualquier obra tradicional, no la entenderemos. El surrealismo es una invitación a pensar la vida, por un rato, de otra forma.

Claro que el surrealismo es como la universidad del arte. Y la mayoría de las personas, por la estructura de la sociedad, estamos en la escuela primaria del arte, entendiendo sus formas primitivas: ¿qué es el cine?, ¿para qué sirve?, ¿nos pueden mentir en cine?, ¿el cine es bueno o malo?

El surrealismo lo disfrutarán quienes pensaron y entendieron esos pasos previos: los que cuando ven hormigas en una pantalla no piensan en hormigas, sino en que las hormigas pueden ser metáforas de la sociedad, o de la sangre, o de la maldad. Y que la sociedad, la sangre o la maldad, a su vez, pueden representar otra cosa. Y así.

Si este texto les pareció difícil de entender, entonces está bien, porque la película y el surrealismo no son ni buenos ni malos: son difíciles de entender.

Considero que la mayoría de nosotr@s todavía tiene que aprender que el arte, muchas veces, es un arma de la clase alta para someter a la clase trabajadora. Hasta que entendamos esto, bien clarito, conviene no mirar Un perro andaluz, a menos que alguien nos avise antes que no entenderemos nada, pero que igual está bueno intentarlo.

11 de julio de 2016

Charly García (1999)

"Desaliñado prócer argentino. Este año grabó dos discos: Demasiado ego (registro de su concierto en el ciclo Buenos Aires Vivo ante más de 100 mil personas) y Charly&Charly en Olivos (registro de su concierto en la Quinta Presidencial de Olivos ante el entonces presidente Carlos Menem, su hija Zulemita y algunos colados). Fue, además, protagonista de varios hechos polémicos: discutió con la Madre de Plaza de Mayo Hebe de Bonafini por la idea de homenajear a los desaparecidos arrojando muñecos al río durante su show de Buenos Aires Vivo; se peleó con Andrés Calamaro; fue preso por presunto acoso a su novia adolescente y tuvo que desalojar a una familia de intrusos que se mudó a vivir sin permiso en su sala de ensayo".

(Texto publicado en Rolling Stone N°21, diciembre de 1999.)

10 de julio de 2016

Babasónicos en Museum (1999)

"Otro ritual de la exageración babasónica, esta vez en templo nuevo: Museum, el fantasmagórico recinto de techos altísimos que tanto atrae a los buscadores de acción nocturna, a pesar de su pésima acústica. Es la presentación de Miami, quinto disco de la banda, y hay expectativa. Babasónicos ya lleva una década sacudiendo su tridente y en él tiene pinchados a unos cuantos seguidores y curiosos.

El ambiente es de plena embriaguez, y el grupo marca el ritmo. ¿Funky, disco, hardcore, rap, soul, bossa nova, heavy, tecno, pop psicodélico, cabalgatas orientales y baladas latinas? Sí, señor: todo eso y mucho más, en un grupo que, haga lo que haga, siempre suena babasónico.

La banda está aceitada y entregada al furor; controla la situación y descontrola al público. La fiesta es una fiesta. En el medio de la vorágine, arriba del escenario, brillante como un fuego, Adrián Dárgelos hace su show aparte. Con movimientos precisos, una voz muy profunda y una entrega total, parece viajar por otra dimensión. Dárgelos es muy poderoso en su papel de hechicero nocturno y la gente cede ante su poder.

En el aire flota el humo, y en el éter vibra la decadencia. Es que lo de Babasónicos, como concepto general, es un apasionado homenaje a la destrucción. De esta manera, a pesar de las novedades, a pesar de la potencia, a pesar del esmero, el resultado no puede ser otro que tristeza. Pesadumbre frente a un espectáculo en el que la lujuria se enciende y la pureza brilla por su ausencia.

Todos queremos música, todos queremos poesía, todos queremos bailar. Los Babasónicos son muy talentosos en estos rubros, pero en vez de construir naves que lleguen a buen puerto, usan todos sus dones para transmitir una sensación de constante mala frecuencia. Las últimas estrofas cantadas por Dárgelos, un segundo antes de abandonar el escenario, resumen el mensaje dejado por el grupo a sus oyentes: 'Porque comés la carroña, ven a mí'".

(Texto de Pablo Schteingart sobre el recital de Babasónicos en Museum publicado en Rolling Stone N°21, diciembre de 1999.)

9 de julio de 2016

Mariano Grondona, una persona injusta y desagradable (1999)

"En un artículo publicado el domingo 7 de noviembre de 1999 en La Nación, Mariano Grondona se enfada porque Garzón asegura que los militares argentinos han cometido el delito de genocidio. Y defiende su postura diciendo: 'El genocidio ha sido definido por la Convención Internacional de 1948 como la acción que se produce con el propósito de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso. Los actos represivos cometidos por los militares argentinos entre 1976 y 1983 fueron aberrantes, pero no se ajustan al tipo delictivo que la Convención define como genocidio. Su intención era aniquilar las organizaciones guerrilleras y sus grupos de apoyo".

(Texto publicado en Rolling Stone N°21, diciembre de 1999.)

8 de julio de 2016

La sociedad argentina (1999)

"El juez Baltazar Garzón ha solicitado la captura internacional de hombres que han hecho que testimonios terribles como los citados en el informe de la CONADEP existan, perduren en la memoria de millares de argentinos y, por sobre todas las cosas, sean veraces. Pero la sociedad argentina suele estremecerse más con el relato periodístico que habla acerca de un hombre miserable que con un cuchillo entre las ropas ha trepado a un colectivo con el propósito de robar un puñado de billetes para pasar otro día"

(Extracto de un texto de Hernán López Echagüe publicado en Rolling Stone N°21, diciembre de 1999.)

7 de julio de 2016

Impuesto docente (1999)

"Impuesto docente: Oblea que deben pagar los propietarios de automotores con el supuesto objeto de que los docentes reciban un aumento de sueldo. La obligación está en vigencia sólo hasta el momento en que los camioneros se niegan a cumplirla. Cada vez que esto sucede, el Gobierno posterga el cobro del tributo, y quienes ya lo pagaron afirman haber escuchado pedorretas a sus espaldas".

(Texto publicado en Rolling Stone N°21, diciembre de 1999.)

6 de julio de 2016

Aborto (1999)

"Aborto: primera causa de muerte en la Argentina, como consecuencia de prácticas mal realizadas".

(Texto publicado en Rolling Stone N°21, diciembre de 1999.)

5 de julio de 2016

El arte, según Iván Noble (1999)

"Si uno no habla como es, ni toca como es, no sé a qué se termina pareciendo. A mí me gusta mucho que los discos se parezcan a nosotros. Prefiero eso antes que a esa escuela de músicos que tocan rock y que dicen que no quieren que sus canciones sean como el periódico; me parece una torpeza enorme decir eso. Si lo cotidiano no formara parte del arte, no hubieran existido Van Gogh, ni el neorrealismo italiano, ni Galeano, ni Bukowski. Creer que el vuelo poético no tiene absolutamente nada que ver con el tiroteo de la esquina me parece una visión enana de las cosas"

(Iván Noble en una entrevista publicada en Rolling Stone N°21, diciembre de 1999.)