8 de mayo de 2015

¿Quién dice? (Salta La Banca) [2008]



¿Quién dice? es una canción del demo llamado “Increíble”, grabado en 2008. También formó parte del disco “Ya no somos dos ahora”, de 2009. 

Estructura general 
El segundo tema del disco también puede catalogarse como “canción de amor”, aunque menos tradicional y más divertida que Increíble. En ¿Quién dice?, Santiago Aysine cuenta desde el inicio [“Hola, ¿qué tal?”] hasta el presente una historia que, con sus detalles, no deja de ser sobre el amor de pareja, sentimental, romántico. Vuelve a utilizar el recurso de cambiar el interlocutor al final: durante casi todo el tema se dirige a ella, la de “los pechos más lindos del mundo”, pero al final dialoga con un amigo suyo [“Estoy seguro, compañero…”]). 

Análisis de la letra 
Acudí a tu auxilio de forma inmediata
“¿Hola, qué tal?”, tu sonrisa y perdí por goleada.
Te apoderaste al instante de mi ocio
y, al fin y al cabo, pude entender que hiciste negocio.
 

(La vida del autor no venía bien, o al menos tenía un problema. De otro modo, no necesitaría “auxilio”. Luego, aparece la primera metáfora futbolística de Aysine: “perdí por goleada” se refiere a que, al sentirse tan atraído por su sonrisa, quedó en total desventaja para afrontar la relación. Después de ese primer contacto, ella ocupó su tiempo libre. Nos permitimos entender que no sólo se refiere al tiempo que compartió con ella, sino también a que, durante ese ocio, la pensó, ocupó su mente. En cuanto a que ella “hizo negocio”, podría ser que Santiago tuviera el autoestima por las nubes, que “es negocio” enamorarlo; sin embargo, es probable que se refiera a que ella cambió apenas una sonrisa por todo el tiempo libre de él: ese es el buen negocio.) 

Una ráfaga de balas seductoras
no lograban vulnerar una coraza idiota
y, con mi seguridad ya en la miseria,
fuimos por un café, juntos, los tres: vos, yo y tu histeria.
  
(Pese a que la sonrisa de ella lo había impactado, parece que se resistió a aceptarlo y puso una “coraza idiota” [¿miedo, vergüenza, machismo?] para evitar reconocerlo. Pero la coraza se le caía a pedazos [“con mi seguridad ya en la miseria”] y entonces aparece algo así como una primera cita: un café. A diferencia de lo que sucede en Increíble, Aysine no la idealiza: ella es histérica. Un mínimo detalle gramatical: no debería cantar “no lograban vulnerar” en plural, sino “no lograba vulnerar” porque el sujeto de la acción es la ráfaga. Es cierto: Santiago no tiene por qué saber esas pavadas, pero yo se las cuento igual.) 

Sin mucho más que hablar, nos despedimos.
Comprobé que ya era inútil extender ese partido.
Colgué los timbo y bajé la persiana.
Sin embargo, tu autoestima cascoteó mi ventana.
 

(La primera cita entre ellos pareció no funcionar. La metáfora futbolística se refiere a eso: no tenía sentido extender el partido. Ni seguir esa cita ni, probablemente, generar otra. “Colgar los timbo” [timbo=botín] es lo que hacen los futbolistas retirados, con lo que Santiago reconoce que no le veía chances a la relación. Lo mismo significa “bajar la persiana”. No de bajarla para irse a dormir, sino como se bajan las persianas de una fábrica, de un comercio: porque se cerró o se fundió. La que salvó la relación fue ella, que se tuvo fe [autoestima] y lo llamó, le escribió o le mandó un mensaje [“cascoteó su ventana”]). 

Sugerías necesitar mi delirio;
para ganar espacio, me mostré cual tipo tibio.
Empezó a inquietarte mi nueva conducta,
pero caí derrotado por tus brotes de astucia.
 

(Cuando ella se comunicó con él, le tiró onda para volver a verlo [“sugerías necesitar mi delirio”], pero él se hizo el interesante [“me mostré cual tipo tibio”]. Ella pensó “¿y a éste que le pasa?”, pero él no pudo resistir mucho tiempo haciendo el papel de indiferente. Lo dicho antes: ya había perdido por goleada [“cayó derrotado por sus brotes de astucia”].) 

Me regalaste vacaciones en tu alcoba;
atrás quedó esa idiotez de dormir cola con cola.
Conocí los pechos más lindos del mundo:
sobre gustos no hay nada escrito, pero sobre bustos…
 

(Los siguientes encuentros fueron en la habitación de ella. Él incluso se quedaba a dormir, pero sin sexo y tal vez sin besos. Hasta que conoció sus pechos. “Conocer sus pechos” es algo que en literatura se llama sinécdoque: la parte por el todo. Se entiende que no sólo conoció sus pechos desnudos, sino todo su cuerpo desnudo. Al final de la estrofa, Aysine hace un juego de palabras: aunque “sobre gustos no hay nada escrito”, “sobre bustos” se anima a escribir él en esta canción. En referencia a ese refrán, Alejandro Dolina dice que es falso: que casi no se escribe sobre otra cosa más que sobre gustos.) 

¿Quién dijo que no se puede?
¿Quién dijo que no se puede combinar
inconstancia, inconsciencia y lealtad,
que es imposible dar un paseo
un día a tu cielo, un día a mi infierno?
 

(Hace preguntas retóricas [no buscan respuesta] que sirven para afirmar que ellos han podido mezclar el cielo de ella [cielo suena a paz, calidez, ternura, pero no histeria] y el infierno de él [“es peligroso mi mundo” ya había cantado en Increíble]. Lo que no podemos saber es a quién de los dos corresponden la inconstancia, la inconsciencia y la lealtad. Tomando como referencia lo de “cielo e infierno”, todo indica que Santiago es la inconstancia y la inconsciencia; y ella, la lealtad). 

Estoy seguro, compañero,
y me juego mi alma loca,
que no debe existir boca
como ésta en el mundo entero.
  
(En esta última estrofa, como ya había hecho en Increíble, cambia el receptor de la canción. Hasta ahora le venía escribiendo a ella, pero de pronto se dirige a un amigo, para, ahora sí, idealizarla: le cuenta que ella tiene una boca única en el mundo.) 


Más canciones de Salta La Banca:
Increíble  

[Nota importantísima. Esta es apenas mi interpretación de la letra de la canción. De ninguna forma pretende ser la única interpretación posible, ni siquiera tiene por qué ser una interpretación correcta. Muchas veces, parte de las letras son chistes internos de los autores, por lo que resultan imposibles de interpretar sin determinados conocimientos].

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