28 de febrero de 2018

Irak (1509-1638)

Resumen de lo publicado. En la Edad Antigua, la región de la Mesopotamia había sido ocupado por poderosas civilizaciones, como sumerios, babilonios y asirios. El actual Irak también formó parte del Imperio Persa y del de Alejandro Magno. La ciudad de Bagdad fue durante dos siglos, hasta el año 1055, centro político del Imperio Musulmán. Por sus condiciones geográficas, Irak era un lugar al que todos querían dominar. En 1055, el Imperio Selyúcida conquistó el territorio. Sin embargo, en 1190, el Imperio Abasí de los musulmanes recuperó Irak. El Imperio Mongol invadió Bagdad en el año 1257. Los abasíes resistieron, pero el ataque mongol fue brutal: asesinaron a 200.000 personas. Irak tardaría siglos en recuperarse de la devastación que causaron los mongoles, que controlaron la región durante el resto del siglo XIII. El Imperio Mongol era tan extremadamente inmenso que no pudo mantenerse unificado, y para el año 1336 ya existían ocho jefes diferentes que controlaban distintos pueblos de mongoles. La actual Irak estaba dominada por los mongoles jalayeridas. Los pueblos mongoles comenzaron a combatir entre sí. En 1393, Tamerlán, líder de los mongoles timúridas, invadió y conquistó Bagdad. También a través de una matanza: su ejército asesinó a 20.000 personas que ni siquiera combatían. Pronto, en 1410, fueron los Kara Koyunlu, o "turcos de ovejas negras", los que atacaron y controlaron la región. En 1467 hubo una lucha interna por el poder del imperio, y se impusieron los "turcos de ovejas blancas", que fundaron el Imperio Ak Koyunlu. Sobreviviría hasta el año 1509.

¿Cómo sigue la historia? En 1509, el territorio pasó a formar parte del reino de Persia, liderado por la dinastía Safávida, pero en 1535 sufrió la invasión del poderoso Imperio Otomano, que comenzó un largo dominio. Irak se convirtió en campo de batalla, porque los persas, corridos hacia el este, luchaban por recuperar las tierras; y además existían luchas internas entre distintos líderes otomanos. El reino de Persia recuperó el control de prácticamente todo el actual Irak entre 1622 y 1638, pero volvió a sucumbir ante el avance otomano, que recuperó Bagdad y casi todo el territorio.

24 de febrero de 2018

Juan Calvino (1509-1564)

Juan Calvino fue un teólogo (estudiante de las religiones) nacido en Francia en 1509.

Es recordado como una de las principales figuras de la "Reforma protestante", rebelión de cristianos contra la corrupción que existía en la Iglesia católica. Una de las nuevas religiones surgidas a partir de ese movimiento (llamadas "protestantes") fue el calvinismo, que creció en Suiza y se extendió por Holanda, Francia y Gran Bretaña.

Estaba basado en las ideas de Calvino, que se basaba en la Biblia y defendía la "predestinación", o sea que creía que las personas estaban condenadas al Paraíso o al Infierno incluso antes de nacer.

A mí, particularmente, esa idea me parece espantosa.

Unos datos más, que encontré por ahí:

"Calvino se oponía a la idea de Lutero según la cual la virtud cristiana era independiente del orden político basado en la coacción y la represión; por lo tanto, insertó en la teoría protestante la necesidad de la institucionalización y el ejercicio del poder como medio para mantener el orden y readmitió los elementos políticos en la región"
(Extraído de "Actualidad del pensamiento sociopolítico clásico", de Nélida Archenti y Luis Aznar).

20 de febrero de 2018

Mercantilismo (siglos XVI y XVII)

El mercantilismo es una teoría (conjunto de ideas no comprobadas) que se basa en la creencia de que la cantidad de riqueza que existe en el mundo es siempre la misma y que el objetivo de cada Estado para ser más poderoso deber ser tener la mayor cantidad de riquezas posibles. Esto sólo podía lograrse intentando perjudicar a los otros Estados.

La teoría del mercantilismo fue muy popular durante el siglo XVI, pero perdió fuerza a mitad del siglo XVII, cuando comenzó a demostrarse que era una teoría equivocada.

14 de febrero de 2018

La Capilla Sixtina (Miguel Ángel) [1508-1512]

"En 1505, el papa Julio II reclamó a Miguel Ángel sus servicios para la ejecución de una gran mausoleo, pero el proyecto se frustró por un abrupto cambio de parecer del pontífice. Miguel Ángel se reconcilió con el papa cuando éste logró convencerlo para que decorara el techo de la Capilla Sixtina. Empleó cuatro años en pintar la Creación del mundo, una de las obras maestras del arte universal".

(Historia Universal, tomo 9, Editorial Sol 90)

8 de febrero de 2018

Las clases sociales en el siglo XVI

En la mayor parte de Europa, durante el siglo XVI, se consideraba que las personas no merecían los mismos derechos, sino que eran divididas según el sector al que pertenecían, incluso antes de nacer. Los sectores que existían, a los que actualmente llamamos "clases sociales", eran los siguientes, ordenados desde los que "valían más" a los que "valían menos" (sí, un horror, pero sigue pasando en el siglo XXI).

• El rey: Se podía llegar a ser rey si tu papá era rey y se moría; o si vos armabas un ejército y matabas a quien era rey.

• Alta nobleza: Personas que eran familiares o conocidos del rey, o que provenían de una familia poderosa y tenían muchas riquezas. Recibían títulos que legitimaba el rey, tales como "Príncipe", "Duque", "Marqués", "Conde", etcétera.

• Alto clero: El papa, los obispos, los cardenales y los abades.

• Media nobleza: Formada por los "caballeros", que no provenían de una familia tan poderosa pero habían acumulado tierras y riquezas.

• Bajo clero: Curas, frailes y monjas.

• Baja nobleza y enriquecidos: Es en este punto donde comienza a verse el traspaso del feudalismo al capitalismo. En siglos anteriores, la nobleza siempre tenía más privilegios que las personas provenientes de familias trabajadoras. Ya en el siglo XVI, los que venían de familias poderosas pero habían perdido sus riquezas (los "hidalgos", como el Quijote de la Mancha) ya no tienen superioridad sobre las personas que provienen de familia trabajadora pero han acumulado riquezas (comerciantes, banqueros, terratenientes).

• Trabajadores: Los artesanos, campesinos con campo propio y quienes podían trabajar individualmente y vender sus productos. Es una de los dos clases que trabajan para mantener al resto, que son vagos.

• Empobrecidos y marginados: Campesinos que no tienen tierras propias; personas que trabajan de lo que fuera cada día para acceder a comida ("jornaleros"); personas contratadas en las ciudades como servidumbre de los nobles; esclavos; y personas con capacidades diferentes.

Más del 85% de la población era de la clase trabajadora o empobrecida; y estaba permanentemente en riesgo de sufrir hambre, enfermedad o muerte por distintas causas.

2 de febrero de 2018

La Masacre de Lisboa (1506)

La Masacre de Lisboa, también conocida como Masacre de Pascua, se produjo en el año 1506.

¿Qué sucedió? En esa ciudad, cientos de personas inocentes fueron perseguidas, torturadas y asesinadas por el ejército portugués porque profesaban una religión que no era la que le gustaba al rey de Portugal (el catolicismo).

Espero que no haga falta decir que es un hecho injustificable y aberrante.

27 de enero de 2018

La muerte de Cristóbal Colón (1506)

Si alguno cree que Cristóbal Colón, por haber sido uno de los primeros europeos en llegar a América y dar inicio al genocidio, saqueo y explotación de tierras y personas, vivió luego en la riqueza y el prestigio, olvídese.

"Ya cansado y enfermo, Colón se retiró a Valladolid. Murió allí el 20 de mayo de 1506 sin haber recuperado el favor de los reyes, y sin que se le hubiesen reconocido todos los derechos que se le habían prometido. Hasta última hora estuvo convencido de haber pisado tierras no lejanas de Asia, es decir, una nueva ruta marítima hacia la India", dice el tomo 10 de la Historia Universal publicada por Editorial Sol 90.

21 de enero de 2018

Rusia (1505-1603)

Mapa del año 1550
Resumen de lo publicado. El territorio de la actual Rusia fue poblado por distintas tribus hace miles de años. En el siglo IV, hunos y ávaros ocuparon la región. Grupos de vikingos suecos (conocidos como "varegos" o "rus") se asentaron en el territorio a fines del siglo IX. Fundaron el principado de Rus, del que surge el nombre Rusia. La "Rus de Kiev" fue uno de los principados más importantes de los siglos X y XI, cuando se adoptó el cristianismo ortodoxo. Hubo gobernantes locales hasta que, en 1237, el Imperio Mongol invadió Rusia, generando una terrible guerra en la que murió una de cada tres personas que vivía ahí. Un sector de los mongoles, llamados tártaros, controló prácticamente todo el territorio. Los sobrevivientes rusos huyeron a áreas con peores condiciones de vida (principado de Nóvgorod), pero consolidaron su organización. En 1380, los rusos lograron su primera victoria en una batalla ante los tártaros y crearon el principado de Moscú. El príncipe Dmitri Donskoi fue un símbolo de la resistencia de la cultura rusa frente a los tártaros. Basilio II (1425-1462) fue sanguinario con los 15.000 búlgaros a los que derrotó: les quitó la vista a 14.850 y dejó a 150 con un ojo, para que volvieran caminando a Bulgaria y el resto de la población les temiera a los rusos. Iván III (1462-1505) conquistó nuevas tierras y Rusia dejó de estar limitada a la ciudad de Moscú, sino que se convirtió en el Estado más grande de Europa, aunque poco poblado: tenía solo 7.000.000 de habitantes. Además, liberó definitivamente a Rusia de los mongoles tártaros, consiguiendo su total independencia.

¿Cómo sigue la historia? El príncipe Basilio III (1505-1533) anexionó nuevos territorios; y ejecutó a personas que hablaban en contra de sus decisiones.

Iván IV, conocido como Iván el Terrible (1533-1584) fue el primero que utilizó el título de "zar" (emperador). Su madre fue asesinada cuando él tenía 8 años. En su gobierno, Rusia conquistó Siberia y se creó un nuevo código de leyes. Consiguió estabilizar al principado, que llevaba años de corrupción y caos; pero fue responsable del asesinato de decenas de miles de personas en sus campañas de conquista. A partir de 1560 fue afectado emocionalmente por el asesinato de su esposa y sus decisiones resultaron impredecibles. Terminó psicótico, ingiriendo mercurio a causa de que estaba enfermo de sífilis y cometiendo nuevos crímenes.

Luego de su muerte, los fracasos militares, las epidemias y las pobres cosechas debilitaron a Rusia; y los tártaros invadieron y quemaron la ciudad de Moscú. Una fuerte hambruna (1601-1603) generó una guerra civil que duraría varios años.

15 de enero de 2018

Cristianismo (1503-1572)

Representación del papa Julio II
Resumen de lo publicado. En el siglo VII, el cristianismo tenía cinco ciudades clave para sostener su poder, pero el islamismo arrasó tres. El clero secular (religiosos que vivían en las ciudades) llegó a gobernar pequeñas ciudades en la Edad Media, llamadas Estados Pontificios. Las últimas décadas del siglo IX y las primeras del X fueron difíciles, ya que los papas eran dominados por la clase alta. Comenzó a intensificarse la separación entre Roma y Constantinopla, lo que en 1054 provocó el Gran Cisma, que dividió al cristianismo occidental (catolicismo) del oriental (ortodoxia). En el año 1095 comenzaron las Cruzadas: invasiones en las que la Iglesia pretendió ganar riquezas y territorios. Los sucesos de las ocho Cruzadas (1095-1270) pueden leerlos en este vínculo. En líneas generales, significaron muchas derrotas para el ejército cristiano, pero liberaron zonas de comercio controladas por musulmanes. Inocencio III (1198-1216) convocó el IV Concilio de Letrán, en el que se fundó la asesina y sanguinaria Inquisición. La decadencia del poder de la Iglesia comenzó a fines del siglo XIII. Durante al menos 800 años, la religión había sido la explicación a todo lo que sucedía, y los representantes de la Iglesia acumularon un poder inmenso. Muchas cosas tuvieron que pasar para que la Iglesia se debilitara: las fracasadas Cruzadas, la corrupción entre sus funcionarios, la aparición de nuevas visiones dentro del cristianismo y, especialmente, el avance en Europa de una clase social, la burguesía, para la cual lo más importante no era Dios, sino acumular riquezas. Por otra parte, fueron creadas Iglesias nacionales que, muchas veces, no respondían al papa. En el siglo XIV, Francia tuvo gran influencia sobre la Iglesia, al punto que se trasladó la residencia papal a Francia. El primero en volver a Roma fue Gregorio IX (1370-1378). Durante cuarenta años (1378-1417), la Iglesia católica estuvo escindida: dos papas gobernaban a la vez, y hasta tres. Con  Martín V (1417-1431) volvió la unificación. Nicolás V (1447-1455) utilizó las riquezas de la Iglesia para construir obras artísticas. Esa decisión forma parte del movimiento cultural y artístico conocido como "Renacimiento". Pero también le ordenó al rey de Portugal que transformara en esclavas a las personas que no se declararan cristianas. ¡Qué hijo de puta! En 1453 sucedió la caída de Constantinopla: la capital de los ortodoxos fue conquistada por musulmanes. Fue un duro golpe para el cristianismo, que utilizaba la región para acumular riquezas mientras los campesinos morían de hambre. Pío II (1458-1464) se dedicó a entregar cargos y riquezas a sus familiares y amigos (injusticia conocida como "nepotismo"). Paulo II (1464-1471) habría muerto durante una relación sexual con un ayudante. Sixto IV (1471-1484) nombró como funcionarios de la Iglesia a 25 familiares. A cambio de riquezas, otorgaba el perdón de la Iglesia por diferentes pecados. Inocencio VIII (1484-1492) afirmó que la Iglesia creía en la existencia de la brujería, aunque desde el año 906 la misma Iglesia había asesinado a muchas personas por creer en las brujerías. Se murió intentando pasar a su cuerpo la sangre de tres niños, para rejuvenecerse. Los tres chicos también se murieron. ¡Cuántos papas perversos e hijos de puta!

¿Cómo sigue la historia? "Los nuevos aires de libertad que aportó el Renacimiento y la corrupción de la Iglesia católica originaron el convulso período de la Reforma protestante. El proceso provocó ocho guerras de religión en Francia, conflictos sociales, la creación de una Iglesia estatal en Inglaterra y la reacción católica, llamada Contrarreforma, a través de la cual la Iglesia procuró transformarse para no dar la razón a sus detractores y para combatir a los reformados", explica un libro que tengo por acá, resumiendo bien el siglo XVI del cristianismo.

Veamos unos datos sueltos de algunos papas de la época.

Pío III (1503) murió 26 días después de asumir el cargo de papa. Julio II (1503-1513) creó la Guardia Suiza, que todavía hoy es el ejército de la Iglesia, y luchó contra el ejército de Francia.

León X (1513-1521) continuó con el nepotismo: usar plata de la Iglesia para enriquecer a sus familiares. Durante su papado surgió la Reforma Protestante. Clemente VII (1523-1534) es considerado "el más desgraciado de los papas", porque tomó pésimas decisiones.

Paulo III (1534-1549) siguió ejerciendo el nepotismo y se supone que intentó prohibir la esclavización de americanos y africanos, pero no lo consiguió. Convocó al Concilio de Trento (1545). Durante la primera fase del concilio, se habló de las cosas que cuestionaban los protestantes. En la segunda, se los convocó e intentaron llegar a un acuerdo, pero no pudieron. En el último período del concilio, ya en 1562, la Iglesia realizó algunas reformas internas, lo que fue conocido como "Contrarreforma". Aunque los cambios, hay que decirlo, no fueron la gran cosa.

Sigamos con los papas. Julio III (1550-1555) fue un pedófilo: obligaba a menores de edad a tener sexo con él, e incluso mantuvo relaciones sexuales con un sobrino adoptivo suyo. Pío V (1566-1572) disminuyó los gastos de la Iglesia y le dio más poder a la genocida Inquisición.

8 de enero de 2018

Un viajecito en el siglo XIV

¿Cómo era un largo viaje en el siglo XIV? Lo contó Francesco Pegolotti, comerciante de esa época nacido en Florencia, en su escrito Práctica del comercio.

"Del mar Negro a China, 25 días en carro de bueyes, 12 en carro de caballo -el camino está lleno de mongoles, gente de armas-, 9 por río, 60 días en carro de camellos, 45 en asnos y cada día se encuentran mongoles, 70 días más con asnos y 45 días a caballo".

3 de diciembre de 2017

Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (Oliverio Girondo) [1922]

Aclaro, antes que nada, que no me gusta mucho la poesía. Me parece honesto arrancar por ahí. Leí Veinte poemas para ser leídos en el tranvía para la materia Literatura Argentina II de la carrera de letras y tampoco me gustó demasiado.

Como dice el título, es un libro con 20 poemas escritos por el argentino Oliverio Girondo. En la Universidad de Lomas de Zamora me contaron que lo trascendente de estos poemas es que son muy diferentes a los que se habían escrito hasta ese momento y que forman parte de la primera obra de la vanguardia literaria que hubo en la Argentina durante la década de 1920. No me pidan que les explique acá qué es la vanguardia, porque es un término muy complejo.

Para un trabajo práctico tuve que analizar cuatro poemas de Girondo, dos de ellos de este libro, así que copio ese análisis acá, no sé bien por qué:

"Girondo aparece, al menos en la primera mirada, como más rupturista que Borges y González Tuñón. Además de apoyarse en la metáfora, apela a la sinécdoque y a la metonimia. El mejor ejemplo resulta Croquis en la arena, donde una persona con la mitad del cuerpo dentro del mar se convierte en piernas amputadas; una foto tomada a una mujer se transforma en fotógrafos que venden los cuerpos de las mujeres; y una gaviota en el vuelo destrozado de un pedazo blanco de papel.

Es en Girondo donde se expresa con más claridad una de las principales propuestas vanguardistas: ver con ojos nuevos aquello que ya vimos muchas veces. Así como Borges se dedicó a husmear sus esquinas, sus barrios, sus símbolos; y como González Tuñón puso la lupa sobre los objetos, en general despreciables; Girondo mirará los paisajes, la playa en Croquis en la arena, pero también, como enumera en Apunte callejero, los cafés, los automóviles, los movimientos al abrir una ventana, los quioscos, los faroles, los transeúntes".

Y, ya que estamos, copio el poema Verona, que me parece uno de los que mejor explican cómo escribía Girondo:

Verona

¡Se celebra el adulterio de María con la Paloma Sacra!

Una lluvia pulverizada lustra La Plaza de las Verduras, se hincha en globitos que navegan por la vereda y de repente estallan sin motivo.

Entre los dedos de las arcadas, una multitud espesa amasa su desilusión; mientras, la banda gruñe un tiempo de vals, para que los estandartes den cuatro vueltas y se paren.

La Virgen, sentada en una fuente, como sobre un bidé, derrama un agua enrojecida por las bombitas de luz eléctrica que le han puesto en los pies.

¡Guitarras! ¡Mandolinas! ¡Balcones sin escalas y sin Julietas! Paraguas que sudan y son como la supervivencia de una flora ya fósil. Capiteles donde unos monos se entretienen desde hace nueve siglos en hacer el amor.

El cielo simple, verdoso, un poco sucio, es del mismo color que el uniforme de los soldados.

1 de diciembre de 2017

La gloria de don Ramiro (Enrique Larreta) [1908]

Uy, uy, uy, ¡alto plomo resultó La gloria de don Ramiro! Es una novela escrita por el argentino Enrique Larreta que tuve que leer para la materia Literatura argentina II de la carrera de Letras, y la verdad es que me costó mucho esfuerzo terminarlo.

Se trata de la vida de un aristócrata español del siglo XVI que se va complicando poco a poco y está contada con bastante detalle, demasiado para mi gusto.

A decir verdad, el final se me hizo un poco más llevadero, porque me terminé acostumbrando al estilo y me sentí algo intrigado por el final, pero estamos hablando de un libraco de más de 300 páginas, de las cuales las primeras 150 me aburrieron, y que además tuve que leer en mi teléfono porque preferí no comprarlo y porque no tuve tiempo de leerlo en la computadora (leo mucho en los viajes en tren y colectivo).

La recomendación a mi público lindo del blog es que no lo lean. Pero, ya que no solo tuve que leerlo sino hacer un trabajo práctico sobre este libro, lo compartiré acá, así me queda guardado para siempre, aunque no sé para qué.

Consigna: Se trata de considerar el contexto del centenario y de analizar la novela de Enrique Larreta, La gloria de don Ramiro, en relación con dicho contexto y con las variables estéticas que se ponen en juego en la construcción del relato.

Introducción

La gloria de don Ramiro: una vida en tiempos de Felipe II es una novela escrita por Enrique Larreta y publicada en 1908. Narra la vida de Ramiro, que se inicia en la España del siglo XVII, y que finalizará en otro continente y en otro siglo. Entre sus principales características se encuentra la documentada descripción de la cultura española de la época y también el lenguaje utilizado por el narrador, más acorde a la España de la Edad Moderna que a la Argentina del siglo XX.

Contexto sociopolítico

La novela (como casi todas las novelas) recibe influencias del contexto histórico en el que fue escrita. Para describir ese contexto, al menos en sus características más visibles, es necesario un repaso histórico.

Luego de la declaración de la independencia argentina (1816), surgieron diferentes corrientes políticas e intelectuales que discutían cuál era el vínculo que debía mantener el país respecto a su antiguo opresor, España. Entre esas corrientes, que abarcaban desde un sometimiento casi absoluto hasta el desprecio irracional, se impuso en el siglo XIX una más cercana a la última que a la primera, impulsada por la Generación del 37, algunos de cuyos referentes fueron Domingo Faustino Sarmiento, Juan María Gutiérrez, Juan Bautista Alberdi y Esteban Echeverría.

Esa corriente anti-españolista consideraba retrógrada y estancada a la cultura española, y proponía acercamiento y admiración hacia la cultura francesa y, en menor medida, la alemana. El rechazo a lo español, como indica Ángela Di Tullio, se extendía hasta la oralidad y la escritura: “La Generación del 37 destacaba la ‘cuestión del idioma’ dentro del programa de independencia cultural, que requería una creciente distancia con el legado español”.

Sin embargo, en los últimos años del siglo XIX y los primeros del siglo XX, el panorama social mostró fuertes modificaciones, vinculadas especialmente al avance del liberalismo económico, al individualismo que este generaba y a la ola inmigratoria impulsada por el Estado argentino para sumar mano de obra calificada a su proyecto económico.

“Entre 1869 y 1914 –remarca Di Tullio– se cuadriplica la población; este cambio demográfico se explica por el arribo de más de cuatro millones de extranjeros. A comienzos del siglo XX, el porcentaje de italianos en relación con la población era de 32,5 frente al 9% de los españoles”. El problema, al menos para la clase dominante, fue que la mayor parte de los inmigrantes no resultaron franceses o alemanes, como se deseaba, sino italianos y, en menor medida, rusos, polacos y españoles que provenían de los sectores más golpeados de sus países.

Se produjo entonces un choque cultural en el que uno de los campos de batalla fue el idioma, ya que el lenguaje español, que ya había sido atravesado por argentinismos, sumó ahora aportes, reconversiones y desvíos provenientes del italiano. Y también, claro, las costumbres de los nuevos inmigrantes invadieron la cultura nacional.

Por ese motivo, entre otros, durante el período conocido como el centenario (por su cercanía al centésimo aniversario del proceso de independencia argentina) se impuso una corriente ideológica que proponía revalorizar la cultura española para limitar la influencia de los nuevos inmigrantes. Los referentes de esta postura (Leopoldo Lugones, Ricardo Rojas, Manuel Gálvez) postulaban que para ser argentino había que ser profundamente español. Así, décadas después de su invención, se invertía el esquema de Sarmiento y lo español y criollo dejaba de ser la barbarie para convertirse en civilización, mientras que la nueva inmigración europea se convertía en el enemigo al que había que someter.

“El Centenario festeja la reconciliación con España acuñando una imprevisible definición de nacionalismo, que Manuel Gálvez proclama fervorosamente: ‘A pesar de las apariencias, somos en el fondo españoles (…) Somos españoles porque hablamos español”, puntualiza Di Tullio, que además advierte que el Estado, a través de todos sus aparatos, se encargó de reforzar enfáticamente la pertenencia al orbe hispánico .

Según Carlos Altamirano y Beatriz Sarlo, “el espíritu de conciliación hacia España y la reconsideración de la ‘herencia española’, que tomó auge en toda Hispanoamérica particularmente después de la guerra hispano-norteamericana, comportaban un viraje respecto de la tradición liberal decimonónica y abrirían paso a una nueva visión del pasado”.

Dentro de ese contexto, La gloria de don Ramiro parece una consecuencia casi directa: una obra que retorna al pasado para revisar errores y aciertos de la cultura española; que se sostiene sobre un lenguaje respetuoso de la Real Academia Española casi hasta la exageración; y que intenta acercar a los lectores nuevamente a la posibilidad de observar a la cultura y la historia españolas no como algo lejano y enemigo, sino como parte de las raíces americanas.

No es descabellado suponer que una de las finalidades políticas de la obra, entonces, haya sido plantear que la solución a los problemas más graves de España en el siglo XVII (el poder absoluto del rey, las aberraciones provocadas por la Inquisición) encontraron vías de solución en América; y por lo tanto, aunque la España del siglo XX no fuera la sociedad “ideal”, mediante soluciones “americanas” podría ser reincorporada como modelo en el que se refleje la sociedad argentina.

La cuestión estética en La gloria de don Ramiro

Al igual que sucede con su temática, la estética narrativa de la obra también recibió fuertes influencias de su contexto. En los inicios del siglo XX (además de la búsqueda de respuesta a un gran dilema: ¿qué es ser argentino?) se manifestaba en un sector de la población argentina cierto optimismo que también existía a nivel global. Eran años en los que muchos consideraban que la limitación de los conflictos bélicos y los avances tecnológicos eran la confirmación de que el ser humano se encontraba en progreso constante. El símbolo de ese progreso, al menos en Buenos Aires, eran las luces, los faroles que iluminaban la ciudad, casi como metáfora del alumbramiento de la oscuridad atravesada en el pasado. A partir de 1914, la Primera Guerra Mundial comenzaría a derribar ese optimismo.

Todo ese “avance”, la creciente modernidad, se extrapoló hacia la literatura a través del modernismo, que tuvo en Latinoamérica características diferentes a las europeas. Si bien se importaron formas prestigiosas del viejo continente, se combinaron con estilos particulares americanos que terminaron conformando una identidad propia. A las influencias del simbolismo y del parnasianismo francés, se le sumaron aportes locales, con el nicaragüense Rubén Darío como principal referente continental, y Leopoldo Lugones, a nivel nacional.

A diferencia del romanticismo, que, al menos en el sentido más estrictamente estético, replicaba la realidad y se centraba en las descripciones, el modernismo surge en un contexto político de cambios, de inestabilidad (sea vista como evolución o involución), y por ello se propone buscar un nuevo lenguaje que acompañe esos cambios. Se trata de evitar las frases hechas y los lugares comunes, y generar originales formas de narración.

Otras de las principales características del modernismo son la intención de rescatar lo espiritual y el misticismo; y la voluntad de no limitarse a las descripciones, sino someterlas a las impresiones que los objetos y las acciones generan.

La gloria de don Ramiro, situada dentro de la corriente literaria modernista, es también influida por una transición importante que se estaba produciendo: la autonomización del campo intelectual. A diferencia de lo que sucedía en el siglo XIX, cuando la figura del escritor estaba supeditada a un programa político o limitada a simple pasatiempo, a principios del siglo XX comenzó a surgir la profesión de escritor, que no sólo significaba la posibilidad de una dedicación exclusiva a esa tarea, sino también el desafío de generar nuevas formas de escribir que enriquezcan ese campo y terminen de diferenciarlo del periodismo o del panfleto político.

Aunque en principio resulte contradictorio que una novela que transcurre en el siglo XVII y copia ciertas estéticas de esa época pueda ser considerada así, Sofía Cardona-Colom define a La gloria de don Ramiro como un modelo de novela modernista. “A los estudios que existen de la novela se les han impuesto preceptivas y convenciones del género de novela histórica, sin considerar que, como texto modernista, practica la experimentación formal y la parodia”, analiza.

Sucede que la construcción realizada por Larreta permite que la obra plantee un retorno a las fuentes, a la cultura española clásica, pero mostrando rasgos modernistas. “Satisface muchas de las expectativas tradicionales de un lector de 1908 –profundiza Cardona-Colom– y, sin embargo, altera, aunque tímidamente aún, la novela tradicional, especialmente en el estilo y mediante la alusión de textos literarios (…) Esta agresión a los marcos de referencia del lector convencional es precisamente la aportación más fructífera del modernismo a la novela del siglo XX”.

Si el modernismo propone abordar nuevas formas de lenguaje, ¿de qué manera se inscribe la obra en ese postulado? Puede decirse que lo hace a través de una corrosión de los límites del narrador. En La gloria de don Ramiro, el narrador no solamente conoce, administra y presenta el lenguaje y la cultura de la España del siglo XVI, sino que, mediante la sutileza, la ironía o hasta la denuncia directa, hace ingresar en la narración una ideología propia del siglo XX. Es de algún modo, una narración del siglo XVI juzgada (de manera poco visible) desde el siglo XX. Para Cardona-Colom, la obra “se debate en una paradoja fundamental: la convivencia del discurso ideológico del Siglo de Oro y la del lector modernista, distanciado de la visión de mundo que suponen algunos comentarios de los personales y del narrador (…) Deja al descubierto la diferencia ideológica del narrador y, por lo tanto, la de su lector ideal con el cual busca complicidad”.

A través de la estructura sobre la que monta la obra, Larreta despliega la ideología dominante en la época del centenario: reconstruye el pasado español, lo acerca con aires de familiaridad, rescata virtudes, remarca defectos y lo termina fusionando con la realidad americana. “La narración va elaborando un proceso de desmitificación de la imagen tradicional de la España del Siglo de Oro y un comentario sobre la relación de la cultura hispánica con el islamismo y lo americano, resultando favorecidas las últimas en detrimento de la primera”, afirma Cardona-Colom.

Adelia Lupi, por su parte, advierte de qué modo el autor consigue empatía entre una narración lejana en tiempo y espacio, y el público lector (la clase dominante argentina del siglo XX): “Larreta, para su novela, elige un tiempo histórico lejano, sí, pero percibido como cercano por aristocrática, íntima y tradicional conformidad cultural; y pone sus pedestales, armoniosamente proporcionados a las estatuas, en la España del Siglo de Oro”. Según la autora, Larreta se identifica con los preceptos del tradicionalismo hispánico, caballeresco y feudal, en contraposición a la centralización monárquica y el nacimiento del Estado moderno y aplastador al que habían dado comienzo los reyes católicos.

¿En qué otras características de la obra puede justificarse su correlación con el modernismo? En su vínculo con lo místico, lo espiritual. “Sin acudir a lo mágico y maravilloso, Larreta ha creado verdaderamente un mundo surreal: aquel mundo evocado con tanta nostalgia y amor nos aparece como flotando en una atmósfera de ensueño; y todos aquellos personajes se espiritualizan en una lejanía de acuario, rodeados por una luz que está pintada en toda su infinita e inconstante variabilidad”.

También el impresionismo, herramienta elemental modernista, tiene una importancia preponderante: “Al impresionismo visivo se une también un impresionismo igualmente rebuscado de los sentidos. Escenas, lugares y personajes están fijados aun por los olores: de los más exquisitos perfumes a los sahumerios afrodisíacos, de los matices olorosos de la naturaleza a los repugnantes de los cuerpos podridos”.

A partir de esa suma de elementos no es posible encasillar a la obra en un género específico preexistente, sino que, acorde a los preceptos modernistas, se encarga de renovar, en mayor o menor medida, el lenguaje narrativo. “La confluencia de estilos en la narración propone una lectura híbrida y victimiza al lector que crea encontrarse ante una novela histórica en estado puro”, sintetiza Cardona-Colom.

Conclusiones

A pesar de que, a primera vista, La gloria de don Ramiro podría ser confundida con una novela escrita en España durante el siglo XVII (la muerte del protagonista ocurre ya comenzada esa centuria), son justamente las dos variables sobre las que se enfoca este trabajo (su contexto y sus elementos estéticos) las que logran no solamente diferenciarla sino también acercarnos a otras posibles lecturas que la obra permite.

Lo interesante es que, pese a que parece adscribir orgánicamente a la ideología imperante en el centenario, en cuanto al intento de generar un renacimiento de la admiración por la cultura española, ese mensaje no termina de ser claro y contundente. Si bien puede advertirse la nostalgia que flota en recuerdo de una España más brillante y justa, la mayor parte de la voluminosa narración se centra en una cultura española ya decadente, corrupta, hipócrita. Los viejos honores (los lazos familiares, la posesión de tierras, la religión, la valentía) son utilizados, en el mejor de los casos, para fines individuales, y en el peor, para fines criminales.

Es probable que el lector (el del siglo XX y también el del XXI) no termine sintiendo cercanía y nostalgia por el honor español perdido, sino una extraña mezcla más cercana al desprecio, al rechazo, a lo indeseable. Por lo tanto, es al menos discutible que la obra (sea por intención o por error) responda completamente al mandamiento ideológico del centenario. Si el objetivo era renovar el amor por España, es posible poner en duda su eficacia.

Esa misma fórmula (mirada en el siglo XVI con el rechazo del siglo XX) es el otro sustento para alejarla de las novelas clásicas e inscribirla en el modernismo. La obra nos permite acompañar el crecimiento de Ramiro y conocer su ideología, que pareciera ser compartida por casi todos los personajes, excepto las clases oprimidas (los sirvientes, los moros). Pero, al mismo tiempo, en pequeñas cucharadas, se va desprendiendo la ideología del narrador construido por Larreta, que es la que permite posicionarlo fuera de época: el narrador no se adapta a la moral del siglo XVI, sino que, a través de la ironía o de lo implícito, realiza un juicio moderno sobre esos hechos del pasado.

Lo que permite pocos reparos es la excelente reconstrucción histórica de la época: detallada, específica, visual, abundante al extremo con excepción del epílogo, del que podría pensarse que, más que un golpe de efecto interno de la obra, es un final apurado por motivos externos a la obra.
El juicio ambiguo (con un pie en el siglo XVI y otro en el XX) y esa reconstrucción intensa le dan una identidad propia y novedosa que permite integrar a la obra a la renovación literaria que proponía el modernismo. Y, aunque ya se ha dicho que su eficacia no es indiscutible, su temática (una mirada sobre la cultura española del pasado) la acerca sin disimulo al contexto histórico del centenario.

Bibliografía

• Altamirano, Carlos; Sarlo, Beatriz (1980). La Argentina del Centenario: campo intelectual, vida literaria y temas ideológicos. Publicado en Hispamérica, N° 25-26. Material de cátedra, módulo I, pp. 35-54.
• Cardona-Colom, Sofía Irene (1990). Ironía y sensibilidad modernista: La gloria de don Ramiro de Enrique Larreta. Publicado en Hispania N° 3. Material de cátedra, módulo III, pp. 88-98.
• Di Tullio, Ángela (2006). Organizar la lengua, normalizar la escritura. Material de cátedra, módulo I, p. 16.
• Lupi, Adelia (1983). Historia y modernismo en La gloria de don Ramiro, de Enrique Larreta. Publicado en AIH, actas VIII, pp 229-236. Disponible en https://cvc.cervantes.es/literatura/aih/pdf/08/aih_08_2_029.pdf

17 de noviembre de 2017

El principito (Antoine de Saint-Exupery) [1943]

Siempre tuve la sensación de que había leído El principito en algún momento de mi infancia y me había parecido un poco suave, un poco ingenuo, políticamente cobarde. Pero la verdad es que no recordaba ni siquiera su argumento, así que decidí leerlo (¿de nuevo o por primera vez?) a los 33 años. Y me gustó, me gustó mucho.

Para l@s que no lo saben, El principito es una historia escrita en 1943 por el francés Antoine de Saint-Exupery que narra el encuentro del autor con un extraterrestre muy sensible (el principito) y las aventuras que el principito le contó.

Cuatro cosas que me gustaron mucho fueron que el autor cuente cosas sobre su vida, mezclando realidad y ficción; que en el texto deje claro que está escribiendo una historia para chicos; que la narración sea rápida y directa, sin detalles molestos; y que incorpore a la obra dibujos hechos por él mismo, lo que me parece un detalle muy hermoso.

Así que le pido perdón al principito por haber pensado mal de él durante mucho tiempo, y recomiendo el libro, claro que lo recomiendo, especialmente porque es cortito y se lee sin ningún aburrimiento.

13 de noviembre de 2017

Bambi (película de 1943)

Bambi es una película hecha con dibujos animados por la empresa estadounidense Walt Disney Pictures. Fue estrenada en el año 1943 y dura 69 minutos.

Cuando la vi, en el año 2005, escribí esto:

"Excelente animación para una historia muy triste, lejos de las típicas historias para chicos. Sin ser genial, consigue innovaciones interesantes, como remarcar que los seres humanos masacramos a los animales sin sentido. Recomendable".

9 de noviembre de 2017

Por quién doblan las campanas (película de 1943)

Por quién doblan las campanas es una película dirigida por el estadounidense Sam Wood y estrenada en el año 1943.

La vi en el año 2005 y en ese momento escribí esto:

"Basada en el libro de Ernest Hemingway, protagonizada por Gary Cooper e Ingrid Bergman. Un republicano español planea junto a un grupo de desahuciados un ataque contra el ejército del dictador Franco. Y en ese grupo encuentra a una mujer muy especial. Bastante aburrida, no recomendable".

5 de noviembre de 2017

La sombra de una duda (película de 1943)

La sombra de una duda es una película estrenada en 1943 y dirigida por el inglés Alfred Hitchcock. Su título original es Shadow of a Doubt.

La vi en el año 2005 y, en ese momento, escribí esto:

"Un hombre muy querido y estimado por su familia vuelve a verla luego de un tiempo. Pronto, recaen sobre él sospechas de homicidio. No es de lo mejor de Hitchcock; sólo aceptable".

La película se puede ver completa en el enlace que les comparto.

1 de noviembre de 2017

Las fuerzas extrañas (Leopoldo Lugones) [1906]

Las fuerzas extrañas es un libro escrito por el argentino Leopoldo Lugones y publicado en el año 1906.

Tuve que leer tres cuentos (Yzur; Los caballos de Abdera; La lluvia de fuego) para la materia Literatura Argentina II de la Universidad de Lomas de Zamora; y los leí con mucha precaución, porque me parece que Lugones no era buena persona, entonces no quería que me gustara ni siquiera lo que escribió. Y la verdad es que los cuentos están bastante buenos.

Yzur es sobre un tipo que tiene la teoría de que, si se los educa, los monos pueden hablar. Y lo intenta con uno llamado Yzur.

En Los caballos de Abdera me pareció que Jorge Luis Borges y Alejandro Dolina tienen (aunque probablemente no lo quieran) alguna cosita de Lugones. O de otro escritor al que Lugones copió, también podría ser. Este cuento trata sobre una ciudad en la que lo principal son los caballos, al punto que parecen tener mayor importancia que las personas.

Por último, en La lluvia de fuego ocurre que, de pronto y sin explicación, comienza a llover algo peligroso, metálico, que lastima y hasta asesina a las personas. Todo, relatado en primera persona por un hombre no muy feliz.

Les recomiendo los cuentos, porque son cortitos e interesantes, pero por las dudas no leo más a Lugones, no sea cosa que me termine convenciendo, a través de su literatura, de sus injustas ideas para el mundo.

20 de octubre de 2017

Historietas de Superman publicadas en 1942

Superman es un personaje creado en 1938 que hizo sus primeras apariciones en la historieta Action Comics. En este blog ya comentamos las historias publicadas entre 1938 y 1941. Ahora es el turno de algunas de 1942. Todas las historietas están guionizadas por uno de sus creadores Jerry Siegel. El otro creador, el dibujante Joe Shuster, no daba abasto para tantas páginas, así que también trabajaron otros artistas: Leo Nowak, Paul Cassidy, John Sikela...

• Action Comics N° 44 (enero de 1942)

Un científico dice haber hallado un hombre de la prehistoria congelado y lo revive. El tipo parece violento pero se calma cuando Lois Lane lo acaricia. La resolución del conflicto depende de que Superman ve un pedazo de saco colgado en un clavo y sabe de quién es. Como siempre, malísimo.


• Superman N° 14 (enero de 1942)

Cuatro historias. 1) Todas las personas que asistieron a un concierto sufrieron un robo y nadie se dio cuenta. ¿Por qué? Se los cuento, total no lo van a leer: porque el pianista podía "hipnotizarlos" con su música. ¡Dios me libre! 2) Un tipo descubre una fórmula para apagar el fuego, pero le compran el invento y lo estafan. Superman se mete a las piñas para arreglar el asunto. 3) Superman descubre un mundo submarino pacifista en el cual aparece un dictador que quiere atacar a los terrestres. Al final el mundo submarino explota (???) y no queda nadie. 4) Contra "El señor de los relámpagos", un tipo que puede controlar los rayos y que pide dinero a cambio de no romper todo. Superman lo mata, tranqui, fingiendo que es medio "accidental".


• Action Comics N° 45 (febrero de 1942)

El dueño de un zoológico intenta suicidarse porque no va nadie, entonces el ganso de Superman agarra un barco, se va saltando hasta África (no es chiste), se afana animales, los mete en el zoológico y listo. Ah: antes descubre a un señor malo en África que tenía encerrada a una chica y su hermano porque quiere transformarlos en estatuas de hielo (???).


• Action Comics N° 46 (marzo de 1942)

Un tipo (siempre ridículamente encapuchado) llamado "el Dominó" obliga a los negocios a que permitan las apuestas ilegales para llevarse guita. Al final termina resultando que el Dominó es un "playboy de la alta sociedad". Ay, qué gran cosa. Superman lo faja, claro.


• Superman N° 15 (marzo de 1942)

Cuatro historias. 1) Un policía mata sin querer a una mujer y queda ciego, pero Lois investiga y descubre que la mujer no murió, que le habían hecho una trampa y, al final, al tipo le dan una trompada y le vuelve la vista. Cada vez más trucho todo. 2) Para seguir lavando la cabeza de las personas (recuerden que estamos en plena Segunda Guerra Mundial), un país inventado Napkan mete "terroristas" en Estados Unidos para sabotear sus "armas defensivas" (???) y además planea golpes de estado en Sudamérica. Superman resuelve todo a las piñas, claro. 3) Otra vez lo mismo: un "país malo inventado", Oxnalia, invade a su "pacífico y democrático vecino", Numark. Oxnalia queda en Europa y su dictador tiene bigotitos. ¿Hace falta decir algo más? 4) Un famoso atleta (que trata de levantarse a Lois, claro) envejece de repente. ¿Por qué? Porque un tipo que se hace llamar "El rey de la evolución", según el propio Clark, "ha aprendido a acelerar o revertir el proceso de crecimiento". Sin explicación, claro.


• Action Comics N° 47 (abril de 1942)

Lex Luthor consiguió superfuerza a través de la electricidad (???). Un millonario dice que le va a dar tres millones de dólares al que pruebe que es el más rico de Metrópolis. Caen todos los que vemos en imagen, que es probable la primera splash-page (imagen que ocupa la página entera) de la historia del comic. Al final es un truco de Luthor, que quería tenerlos a todos juntos para sacarles mucha guita, pero en realidad quiere una misteriosa "piedra de poder" y obliga a Superman a ir a buscarla. Pero Superman lo engaña dándole cualquier piedra. ¡Bwa-ha-ha! Menos mal que no leí ninguno más de estos años, porque se me iba a atrofiar el cerebro.